Infidelidad en la pareja

El la ama. Ella no. Hay días que no hablan, que están lejanos. Ella tiene ganas de sentirse enamorada otra vez, él hace tiempo que no se siente deseado por ella. Los dos juegan el triste juego del amor. Fingen estar bien, cuando en realidad están mal. Cada día se importan menos, pero de forma extraña, siguen amándose. Tienen lealtad hacia su historia. ¿porqué, entonces, les cuesta tanto amarse?

En vista del gran número de casos que me han compartido vía mail en torno a este tema, la columna de esta semana hablará del asunto, que por cierto, es de lo más complejo.


Primero diría que culturalmente, asociamos los cuernos con separación, divorcio, ruptura definitiva. Está incluso descrito en el decálogo: "No desearás a la mujer de tu prójimo"...

Por otra parte , esta asociación casi natural que tenemos para calificar la infidelidad de imperdonable, lo peor que alguien te puede hacer, causal absoluta de separación o divorcio...me produce preocupación.

Pienso en tantos escenarios horribles que se generan entre las parejas, en la violencia doméstica, económica, psicológica, en la indiferencia sostenida durante años como si el otro no existiera, en los golpes bajos que damos cuando usamos información privilegiada que nuestra pareja nos ha dado en momentos de apertura para lastimarla... que simplemente no podría decir que la infidelidad es lo peor de lo peor entre las parejas.

Creo que esta afirmación muy metida en la cultura, tiene que ver con muchas cosas. Por ejemplo con el narcisismo. Sentirnos heridos en nuestro amor propio, pensar que haya alguien más atractivo, inteligente o estimulante que nosotros, nos duele. Queremos pensar cuando estamos en una relación, que somos únicos para quien nos ama. Descubrir la infidelidad es ante todo una herida narcisista.

También está el tema de la mentira y la traición. A veces no es tanto el hecho de que haya o haya habido en el pasado, un tercero. A veces, muchas, lo que más duele son las mentiras que se tienen que decir para encubrir una relación extra oficial.

Rafael Manrique, psiquiatra español de Santander, afirma insistentemente : "somos sujetos deseantes" " el deseo no se casa con nadie" "la extraconyugalidad no sexual alimenta la vida emocional de la pareja".... Esto de la extraconyugalidad se refiere a la posibilidad, muy penada por cierto, de que la pareja tenga amigos y amigas con quienes compartir pasatiempos, momentos divertidos, conversaciones estimulantes, sin que nada de eso se considere como una traición o el camino seguro hacia la infidelidad.

Cuando Manrique ha dicho todas estas cosas y más en talleres, conferencias, seminarios especializados, produce en el auditorio, casi invariablemente, horror.

Yo pienso que se requiere valentía para plantear las cosas así. Que si tal vez tuviéramos menos falsa moral o doble moral o hipocresía social, o como cada quien le quiera llamar, seríamos capaces de reconocer lo difícil que es cuidar de un vínculo monogámico estable durante largo tiempo. Sabríamos entonces, que lo que hay que cuidar no es el celular ni el correo electrónico de la pareja, sino la calidad de la relación.

También me gustaría incorporar el elemento cultura, porque las consecuencias de la infidelidad resultan muy distintas dependiendo de cada país, religión, género, generación y grado de salud mental.

Por ejemplo, en los países que practican el islam, la infidelidad femenina es imperdonable. El marido de la infiel debe erigirse como patriarca y decidir si la perdona o la condena. Si la condena, el castigo es muy variado: desde morir apedreada, hasta ser despojada de sus hijos, boicoteada y excluida para siempre de su núcleo social y familiar. El hombre que decide perdonar a la mujer, es mal visto por los otros hombres de su grupo. En este caso al que se boicotea es a él, por haber sido débil frente al pecado de la mujer. En el caso de los árabes, la infidelidad es ante todo un asunto religioso.

Los hombres en el Islam pueden ser infieles y tienen derecho al perdón. Es un caso donde queda clara la influencia radical de la religión y del género.

En Alemania, la infidelidad es un asunto privado, que solo concierne a la pareja. No hay distinciones notables para enjuiciar la infidelidad masculina o femenina. Es un asunto totalmente privado y que la pareja debe resolver sola.
En Argentina, los hombres tienen mucha mayor dificultad para perdonar la infidelidad femenina. Las mujeres perdonan más fácilmente. El estigma social que pesa sobre unos y otros, es mucho mayor para la mujer. Exactamente lo mismo, podríamos decir de la realidad mexicana.

La infidelidad desde el punto de vista emocional, puede ser explicada de otras formas muy diversas. Una hipótesis es que es un aprendizaje transgeneracional que pasa de generación en generación. Hay familias donde todos los hombres han sido infieles con sus mujeres; parece en algunos casos una costumbre familiar. También está asociada, familiarmente, a patrones de evitación de conflictos. Familias donde hay muchos secretos, donde cuesta mucho trabajo hablar con la verdad, pueden generar una tendencia a tener un affaire cuando hay problemas en la pareja, en lugar de enfrentarlos y tratar de resolverlos.

Podría caber también la siguiente pregunta: ¿es la infidelidad existencial o patológica? ¿Puede surgir como resultado de una crisis narcisista o puede ser incluso una conducta autodestructiva, que genera dolor para todos y en algunos casos como los mencionados, hasta la muerte?

Cuando digo existencial me refiero a que sí es algo por lo que todos pasaremos tarde o temprano o por lo menos consideraremos en nuestra fantasía, en algún momento de la vida. Yo pienso que sí, en el sentido de que el deseo interno puede seguir deseando lo que no tiene. Pero una cosa es desear a veces la variedad o la novedad y otra muy distinta es tomar todas las acciones necesarias para conseguir al objeto del deseo. Reconocer su universalidad es una manifestación de la fragilidad humana, no necesariamente de maldad o patología, excepto en caso particulares como en el de los adictos sexuales.

La infidelidad detona el miedo al abandono. Para quien es infiel, es un afrodisiaco que le permite sentirse vivo otra vez. Para quien es engañado, es una traición insoportable.

Las causas que hombres y mujeres manifiestan para ser infieles son tremendamente diferentes: las mujeres declaran pobre comunicación, insatisfacción sexual, falta de amor, defectos de la pareja, cualidades del amante, dinero, venganza. Los hombres hablan de oportunidad, es decir, tener a alguien disponible cerca. Y belleza física, como si tener la proximidad de una mujer hermosa, fuera irresistible para algunos.

Parece ser, y solo parece ser, que las mujeres entran a la infidelidad y se involucran emocionalmente por tener vacíos emocionales con su pareja formal. Los hombres al contrario, parecen moverse hacia la infidelidad por falta de sexo en su relación de pareja y el interés es casi preponderantemente sexual.

Cuando una mujer está en un affaire, la probabilidad de que se divorcie es mucho más alta que en el caso de los hombres.

Las aventuras "virtuales" por internet, cada vez cobran más importancia. Más y más mujeres y hombres reportan involucramientos emocionales, surgidos de sitios de encuentro cibernético.

Dependiendo de qué tan corta o larga sea una relación en el momento en que aparece el evento de infidelidad, varía en cuanto a sus causas: en una relación de más de 15 años, parece que el argumento para entrar en una relación así es a todo lo que se ha renunciado por estar en la relación y una especie de necesidad de recuperar el tiempo perdido.

En parejas jóvenes, con poco tiempo de casadas o comprometidas, puede tener que ver con asuntos de dificultad para el compromiso y miedo sino es que pánico a la intimidad emocional con la pareja.
Cuando el segundo hijo nace, la pareja se enfoca casi exclusivamente en la paternidad y la maternidad. Algunos padres se sienten desplazados y buscan cuidados "cuasi" maternos en las relaciones extraconyugales.
Cuando los hijos se van de casa, es otro momento delicado para la pareja, que si no ha construido una relación cercana que tenga sentido más allá de haber sido padres, se ve muy vulnerable a buscar afuera una relación que se sienta como cercana e íntima.

¿Cómo recuperarse?

No hay recetas mágicas. La obsesión que se genera con la infidelidad, la ruptura de la confianza casi siempre necesita del tiempo y trabajo terapéutico para poder sanarse.
La pareja ha de aceptar que algo se ha roto y que no sirve negarlo o minimizarlo, sino enfrentarlo, pues la relación nunca volverá a ser la misma y habrá que trabajar para reconsiderarla e incluso replantearla.
El perdón es un sentimiento mágico que llega al corazón del engañado después de que pasa el tiempo, no hay un período demasiado largo o demasiado corto para perdonar.

Personalmente, en mi práctica como terapeuta de parejas, he visto de todo. Gente que logra salir adelante, parejas que superan la situación, parejas que definitivamente se rompen para siempre , parejas que niegan lo que ha pasado, etc.

Me parece que es una oportunidad para revisar la relación, para reflexionar sobre la calidad del vínculo, de la intimidad emocional y sexual, de cuánto las parejas se vuelven amigas de la rutina y enemigas de cualquier tipo de transgresión, que pudiera a veces revitalizar la relación. Cuando hablo de transgresión me refiero a no instalarse en la zona de confort, a innovar, a ser capaz de reinventarse en lo individual y como pareja, a divertirse juntos con cosas nuevas, a flexibilizar los roles dentro de la relación que con el paso del tiempo se vuelven patológicamente rígidos.

Uno de los retos más grandes con estas parejas, es poder dejar de hablar exclusivamente del otro u otra, de porqué con esa persona, de cuándo y cómo se veían, etc... para poder hablar también de qué estaba pasándole a la pareja cuando todo esto ocurrió. No se trata de eximir a nadie de responsabilidad, sino de encontrar explicaciones complejas que se alejen de los lugares comunes como que "asi son los hombres", "no teníamos sexo", "no lo pude evitar" "el/ella me da lo que tu me niegas"...y un largo etcétera.

Realmente creo que con reflexión, trabajo interno y ayuda profesional, un evento de infidelidad pues ser una experiencia de aprendizaje tremenda, muy importante, independientemente de si la pareja se queda junta o no en la relación.

Ante esto pienso un par de cosas. La primera es que la religión en muchas culturas tiene un gran peso sobre la conducta de las personas. Que algo sea pecado, para muchos es suficiente para evitarse la situación. Pero ¿ qué hacer cuando no se tiene internalizada esta prohibición religiosa y cuando la moral es más bien un asunto de construcción personal?

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